"...Los tintes rosados se desvanecieron, entonces todo era una oscuridad púrpura y el rumor del silencio era como un torrente de olas de diamante que atravesaran los pórticos líquidos de nuestros oídos y fueran capaces de tranquilizar a un hombre durante mil años [...]. Todo era completamente serio, completamente alucinante, completamente feliz.
El mundo no debía ser tan malo cuando producía tipos como Japhy, pensé, y me sentí contento. El dolor de todos mis musculos y el hambre eran bastante desagradables, y las oscuras rocas que nos rodeaban, el hecho de que no hubiera nadie que te calmara con besos y palabras suaves, de que estuviera allí sentado meditando y pidiendo por el mundo otro joven vehemente...era algo bueno haber nacido para morir, aunque sólo fuera para eso, como nos ocurría a nosotros. Algo saldrá de todo esto, amigos míos, en las vías lacteas de la eternidad desplegandose ante nuestros mágicos ojos sin envidia. El silencio de la montaña era oro."
Jack Kerouac. Los vagabundos del Dharma.