Y Óscar dice simplemente: la mariposa tocaba el tambor. He oído tocar el tambor a conejos, zorros y marmotas. Tocando el tambor, las ranas pueden concitar una tempestad. Dicen del pájaro carpintero que, tocando el tambor, hae salir a los gusanos de sus escondites. Y finalmente, el hombre toca el bombo, los platillos, atabales y tambores.
Habla de revólveres de tambor, de fuego de tambor; con el tambor se saca a la gente de sus casas, al son del tambor se las congrega y al son del tambor se la manda a la tumba. Esto lo hace, tocando el tambor, niños y muchachos. Pero hay también compositores que escriben conciertos para cuerda y batería. Pues bien, todo esto es nada comparado con la orgía tamborística que en ocasión de mi nacimiento ejecutó la mariposa nocturna con las dos sencillas bombillas de sesenta vatios.
Günter Grass, El tambor de hojalata.



