lunes, 13 de diciembre de 2010

El portero.

"Demasiadas cosas serias se han dicho en esta asamblea._comenzó diciendo el mono en tono zumbón_. Tan serias que se pueden tomar en serio... Se ha hablado aquí de la vida y, por supuesto, de una nueva vida que al parecer casi todos queremos comenzar. Pero no han tomado en consideración lo más importante, pues no se han preguntado cual es el significado profundo de la vida. La vida, queridos amigos, no es más, pero tampoco es menos, que un juego. Entre nosotros es un juego limpio, y aunque a veces es cruel, todos sabemos a qué atenernos en relación con los demás. Pero el hombre (al que ustedes desgraciadamente imitan en vez de dejar que sea él quién nos imite) la vida se ha vuelto un juego sucio, y lo que es peor, ese juego se ha tomado tan seriamente que ha dejado se ser juego para convertirse en un deber, es decir, en algo abrumador; tan abrumador que ya ni ellos mismos conocen lo que es la libertad ni mucho menos cómo disfrutarla. Porque, ¿qué es la libertad sino la posibilidad de jugar, burlándonos hasta de nosotros mismos y a la vez tratando de aprender un poco más de los otros al parodiarlos? Y así tiene que ser, puesto que nadie es en sí mismo algo exacto, sino un remedo de otras cosas. (...)¿No tiene el ornitorrinco la boca del pato y la figura del puerco espín?¿Y no quiere el hombre volar como la paloma, navegar como el pato y cavar túneles como el conejo?. Vemos así que la única manera de ser es ser un poco cualquier ser o ser cualquier cosa, para ser más preciso. ¡Caminemos en cuatro patas y en una, en dos o en ninguna!¡Corramos!¡Saltemos!¡Volemos!¡Arrastrémonos!.
Nuestra verdadera identidad es un disfraz incesante, una broma infinita. Lo solemne es la tumba. Desconfiemos de las caras serias, tienen puesta una máscara que por usarla durante tanto tiempo se les ha pegado al rostro. He ahí otra diferencia entre nosotros y el hombre. Nosotros no tenemos máscara, somos. Ellos para ser tienen que vivir en perpetua batalla demostrando qué son. En ese juego, que es la vida, ellos siempre pierden porque están contaminados de hipocresía. Han infringido las reglas del gran carnaval, ya no cometen travesuras, sino mezquindades. No son joviales, nunca lo han sido, sino criminales, y lo que es peor, aguafiestas y cretinos, y lo qué es aún mucho peor, solemnes y enfatuados. (...).
Ellos se creen la medida de todas las cosas, y así descabelladamente lo proclaman....La actitud de la mosca, a mi parecer concuerda conmigo en cuanto a lo de saltar y gozar, pero hay en ella como un sentimiento de culpa, de sacrificio (sin duda copiado del hombre al que siempre ha rondado) que yo no reconozco. No hay por qué pagar con una pronta muerte un efímero goce.
El juego es, en fin, la única medida de todas las cosas. "


Fragmento de "El protero". Del gran gran Reinaldo Arenas.