martes, 7 de febrero de 2012

H.H.

En un principio fue su sueño y su aventura, después su amargo destino. El hombre poderoso en el poder sucumbe; el hombre del dinero, en el dinero; el servil y humilde, en el servicio; el que busca placer, en los placeres. Y así sucumbió el lobo estepario en su independencia. Alcanzó su objeto, fue cada vez más independiente, nadie tenía nada que ordenarle, a nadie tenía que ajustar sus actos, sólo y libremente determinada él a su antojo lo que había de hacer y lo que había de dejar. Pues todo hombre fuerte alcanza indefectiblemente aquello que va buscando con verdadero ahínco. pero en medio de la libertad lograda se dio bien pronto cienta Harry de que ésa su independencia era su muerte, que estaba solo, que el mundo lo abandonaba de un modo siniesto, que los hombres no le importaban nada; es más, que él mismo a sí tampoco, que poco a poco iba ahogandose en una atmósfera cada vez más tenue de falta de trato y de aislamiento. porque ya resultaba que la soledad y la independencia no eran su afán y su objetivo, eran su destino y su condenación, que su mágico deseo se había cumplido y ya no era posible retirarlo, que ya no servía de nada extender los brazos abiertos lleno de nostalgía y con el corazón henchido de buena voluntad, brindando solidaridad y unión; ahora lo dejaban solo. Y no es que fuera odioso y detestado y antipático a los demás, al contrario, tenía muchos amigos. Muchos lo querían bien. Pero era simpatía y amabilidad lo que encontraba (...), pero nadie se le aproximaba espiritualmente, por ninguna parte surgía compenetración con nadie, y nadie estaba dispuesto ni era capaz de compartir su vida.

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