
Él es chiquitín, viste con camisas y jerseys que se caen olgadamente sobre su cuerpo, de diminutas dimensiones, insinuando una figurilla que se mueve con agilidad por el mundo.
Él, de vez en cuando, acaricia sus labios con la lengua, para rehumedecerlos, y hablar alto y claro.
Es sumamente serio, callado, sobrio, que de vez en cuando deja caer pequeñas gotas de humor inteligente y muy sutil que parece sólo entendemos Vicente y yo.
Cuando dice algo mordaz, brillan sus ojos, dandome a entender que su seriedad protege su espíritu.
Cuando hace una broma, me mira a los ojos, y deja aparecer una medio sonrisa en la comisura de los labios, sólo en las comisuras. Llegados a este punto, sus ojos rién con inocencia, para que yo entienda que esa sonrisa va dirigida a mí, para que nadie sepa de nuestra oculta complicidad.
Luego me pregunta la lección, y mis afasias lingüísticas se apoderan de mí. Que mal esta repartido es mundo.
Que incapacidad más frustrante tengo para amar. Handicap que me lleva únicamente a gozar de pequeñeces varias, de gran ternura, pero de insignificancia absoluta para lo que deberían llegar a ser.
Lo más desgraciado de todo esto, es que identifico, en mi dia a dia a una gran variedad de personas cuyos sintomas se asemejan a los mios. Quizá sea por la estupida idealización del amor que vivimos hoy dia en la sociedad, pero les voy a dar una explicación que yo veo más plausible, al menos en mi caso, y con la ayuda del gran escritor Miguel Brieva:
MIEDO: el sentimiento más intenso derivado del dolor, así como la esperanza lo es del placer.2.- Verle las orejas al lobo de la muerte.Las tres fases del miedo:
- Es el miedo a lo externo a los demas, a la naturaleza. Es el miedo de los niños a la noche, al crujir de los muebles en la soledad.
- El terror a nosotros mismos, a la imaginación desvocada, a la locura, al propio miedo.
- Una vez alcanzadas las dos primeras, es el miedo a que algo, cualquier cosa, SIMPLEMENTE SUCEDA. Es el miedo.
Quizá, todos los que nos encontramos así, se debe a la sencilla razón de que nos da pavor mostrar nuestro interior, sumamente agrietado, destrozado e inmundo, sin percatarnos que, cuanto más nos cerramos a nosotros mismos, cuanto más alto es el muro que construimos, mas putrido se queda el interior.
En cualquier caso, lo peor no ha llegado.
Lo más doloroso de todo llega cuando decides mostrarte al mundo, y te encuentras con un maldito muro, genialmente construido, de dimensiones descomunales que es imposible escalar.
Ahí te das cuenta, que por tu culpa, sólo y unicamente por tu culpa, vas a estar condenado toda tu vida a convivir con tu putrido interior tu solito.
"Lo más doloroso de todo llega cuando decides mostrarte al mundo, y te encuentras con un maldito muro, genialmente construido, de dimensiones descomunales que es imposible escalar."
ResponderEliminar¿Sabes? TUve ese muro. Sentí esa dificultad, por decir así, cuando decidí afrontar la soledad con respecto a todo y a todos. Pero, ¿sabes? las cosas cambian. Los obstáculos caen, y los muros se derriban.
¿Sabes? me ayudaron a derribar el mío.
Y sabes que acabarás derribando el tuyo, pero sólo cuando estés preparada