lunes, 10 de agosto de 2009

Y todas esas cosas...


Hacía meses que no desayunaba. Hacía semanas (muchas) que no fumaba "tabaco de liar". Y hacía años que no escuchaba las cassettes que llevaba al principio de mi pre-adolescencia en un arcaico walkman. Estas cintas las intercambiaba una y otra vez con White, nos grabábamos cassettes recopilatorias con grandes éxitos que iban desde Craig David a los Counting Crows, Lynyrd Skynyrd o incluso entrevistas ( bonita aquella a Chris Martin en la que decía que en España clocks era una canción muy "famossa"). Auténticas piezas de museo.
Bendita pre-adolescencia. Inicio de una etapa absurda que suposo el comienzo a la aún más absurda adolescencia y ahora...¿juventud?. Me figuro que nombre que se le da al último escalón antes de saltar al insufrible mundo adulto. Mundo por lo general aburrido, monótono y de grandes responsabilidades, donde un espíritu antes divertido y fogoso aparece sólo en contadas ocasiones.
Aunque siempre he pensado que este tipo de diferenciaciones eran inútiles, establecidas por una sociedad que necesita clasificar, catalogar y esquematizar prácticamente todo. No sirven para nada. Quizá su única utilidad es romper dichas reglas o, por el contrario, darte cuenta de que llevas una existencia que poco avanza, y el único rasgo de evolución que te percibes es el de una mayor capacidad de reacción, o más claridad de visión...¿realmente has madurado?¿tienes más cabeza?¿seguro?¿o sólo es el inevitable crecimiento biológico?.
Da igual. Sigo sin enterarme de nada. Falseando imágenes fictiacias a través de las que vivir para no rozar la superficie de una realidad que no entiendo y no me molesto en conocer.
Pues vale. Como poco puedo hacer ahora en cuánto a eso, prefiero quedarme escuchando una de esas cassettes que me recuerdan una etapa de ilusos donde la mayor preocupación y cargo de conciencia era la de la muerte de dos ratillas llamadas "fender" y "stratocaster". O el llegar puntual a una clase de baile marcada por las continuas bromas sexuales de una profesora muy dicharachera. O el intercambio/devolución de cassettes con White. El que ésta te fuera a recoger los viernes a la puerta de clase. La pista, los Okey de vainilla y sus indigestiones. O el ir a Villalba los sábados y comer paella. Como cada sábado.
Pero habrá que "volver" al mundo "real" para encargarte de tus "responsabilidades" que poco entiendes y menos te gustan. Algún día (supongo que lejano) consiguiré perpetuar el mundo gamusínico y mandar a la mierda a esas "responsabilidades del mundo real" que poco tienen que ver con las que tengo en el mío.
Me voy a hacer un cola-cao.

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