domingo, 6 de septiembre de 2009

Alicia en el pais de las maravillas





Y efectivamente, así era: ahora sólo media 10 pulgadas y su cara se iluminó al pensar que ya tenía la medida apropiada para pasar por la puertecita y entrar en el precioso jardín. Sin embargo, primero espero unos minutos para ver si iba a encogerse más; se sintió un poco nerviosa al pensar en esta posibilidad: "Porque puedo desaparecer del todo", dijo Alicia "como una vela. Me pregunto ¿cómo sería yo entonces?" Y trató de imaginar cómo es la llama de una vela al apagarse, porque no recordaba haber visto eso nunca.
Al cabo de un rato, al ver que no ocurría nada más, decidió salir al jardín , pero al llegar a la puerta se dió cuenta de que había olvidado la llavecita dorada , y, cuando se acercó a la mesa para cogerla, comprendió que le resultaría imposible alcanzarla : podía verla perfectamente a través del cristal y trató, como pudo, de trepar por una de las patas de la mesa, pero resbalaba demasiado. Cuando se cansó de intentar subir, la pobre criatura se sentó y rompió a llorar.
"¡Vamos, llorar no sirve de nada!" se dijo Alicia con firmeza "¡Te aconsejo que pares ahora mismo!". Normalmente se daba consejos (aunque pocas veces hacía caso de ellos), y en ocasiones se rependría de una forma tan severa que incluso lloraba; recordaba que una vez había intentado darse un cachete por haber hecho trampas en una partida de cróquet que estaba disputando contra ella misma, porque a esta curiosa niña le encantaba fingir que era dos personas al mismo tiempo. "Pero , ¡no sirve de nada fingir que soy dos personas ahora!" , pensó la pobre Alicia, "¡No queda casi nada de mi como para ser una persona completa!".
Pronto descubrió una cajita de cristal bajo la mesa, la abrió y encontró un pastelito con la palabra "cómeme" escrita en unas preciosas letras mayúsculas. "Bien, me lo comeré", dijo Alicia. "Si me hace crecer, podré coger la llave, y si me hace aún más pequeña, podré escurrirme por debajo de la puerta: así que, de un modo u otro, entraré en el jardín. Además ¡me da igual lo que pase!".
Comió un poquito, y ansiosamente se preguntó : "¿Hacia donde , hacia donde? ", mientras mantenía su mano en su cabeza para comprobar si estaba creciendo. Se soprendió bastante al ver que permanecía igual. La verdad es que esto era lo que ocurre normalmente cuando uno come pastel, pero Alicia estaba ya tan acostumbrada a que sólo le ocurriesen cisas extrañas, que le parecía demasido estúpido y aburrido que la vida siguiese como simepre. Así que se puso manos a la obra y pronto se terminó el pastel.



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