Es curioso cómo a medida que se acerca la hora en la que empieza la semana, mi menta comienza a volar.
Vuela fuera de mi, muy muy lejos de la realidad, ofreciendome una pequeña visión de lo que jamás llegaré a tener. Cada día va a peor y no tengo medios para pararlo. Me gustaría dejar atrás esas preensoñaciones y abrazarme a alguién con fuerza. La sensación de un abrazo bien dado, es una de las mejores de esta vida, uno de los actos más puros y sinceros dentro de nuestra inhumanidad, cada vez más profunda, y cada vez más extendida.
Un buen abrazo bien dado y correspondido es mejor que el éxtasis, el nirvana, la euforia, porque la tierna sonrisa, residuo del dulce acto, puede durar toda una vida.
Es más, para recuperar esa sonrisa, basta con recordar el abrazo, y ésta crece de nuevo en tí.
Aunque este abrazo es díficil de conseguir, es más sencillo soñar con una idílica existencia en base a tu imaginación, perjudicialmente claro, pues teniendo esas imagenes fáciles y cómodas en tu cabeza e irreales (con las que te puedes nutrir mucho tiempo ), te inmovilizas es la búsqueda de ese sincero abrazo, que muchos necesitan.
Que muchos necesitamos.
Luego tenemos más pequeñas cosas que te llegan como un pequeño puntito de luz, en esa sobrepasiva vida.
Una tarde de póker.
Una copa.
(M) te da un abrazo e insperas su olor a nenuco.
(S) te da un pico.
Un comentario de orgullo contenido de (B).
Una carcajada de (J).
La broma de (R).
Los cariños de (P).
Los ojazos de (L), despiertos y brillantes.
La mirada de (W) y su napolitana.
La contagiosa risa de (S).
El comentario de (H).
El olor de la comida de tu madre.
El perro despertandote por la mañana.
Una sonrisa incondicional.
Un cariño cuando menos lo mereces.
La canción perfecta en el momento justo.
El olor del café y el tabaco.
La leche en cantidades industriales antes de acostarte.
La tranquilidad subterranea en la tensión contenida.
El olor.
El sonido de las teclas mientras se escribe en el ordenador.
La tos.
La ilusión espontanea y esporádica.
Llegar a la boca del infierno, para darte media vuelta e irte.
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