martes, 4 de agosto de 2009

A las puertas de haber comprendido que me gusta el café con leche bien frío por las mañanas, acompañado únicamente de humo nicotínico en mis pulmones. Que me gusta la mayonesa a cucharadas, pero con moderación. Y la mantequilla con pimienta sobre un cuchillo. La sobrasada con miel. Dormir, comer, y la tranquilidad. Aunque ya ni eso. El interior me repugna, el exterior no lo comprendo, mi imaginación se agota y el mundo gamusínico pierde todo el interés.Ahora sólo hay horas, minutos y segundos de frío y congelado gris. Atrapada en una interminable escena en la que nadie dice nada y el vino se ha acabado.Todo lo demás aterra por extraño y confuso, aunque la evolución hacia la repulsión se muestra inevitable. Mientras, parece amanecer con más lentitud de la normal.

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