
"¿Qué necesidad tengo de deciros quién soy?¿Es que no lo manifiesta bastante mi semblante y mi frente, como suele decirse? (...).
Todo el mundo sabe que la edad más feliz y, con mucho, más alegre es la infancia. ¿Qué hay en los niños que nos empuja a besarlos, abrazarlos y a acariciarlos, y que incluso los mismo enemigos los prestan auxilio? (...) ¿Por qué Cúpido es un niño?¿No es, acaso, porque es un bromista que no hace ni piensa nada al derecho? (...).
Si aceptamos la definición de los estoicos, sabiduría no es otra cosa que dejarse llevar por la razón; y necedad vale tanto como ser arrastrado por las pasiones".
Erasmo de Rotterdam, Elogío de la locura.
Quizá la insensatez no sea un mal, o es un mal menor que nos empuja a ese deleite, al placer. ¿Sensatos y decorosos los que juzgan el deleite como amoral? ¿Es amoral dejarse llevar por la locura, eco de un combate ya disputado en lo profundo?
La "necedad". ¿o acaso es mejor utilizar la sabiduría no con vistas al deleite, sino como modo grave y trascendental de darnos un sentido y como protección para aquello que nos hace humanos? La insensatez, los impulsos, los sentidos. Eso visceral que se concentra entre el final de la garganta y hasta los muslos.
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