miércoles, 1 de julio de 2009

look...closer?

Estaba demasiado ausente como para darse cuenta que su patológica cobardía le impedía dar el cambio definitivo. Era un persona cuyos días, antes encadenados uno tras otro formando una interminable serie invariable, habían tornado en algo más suculento y sabroso. Cada día era algo bello, algo nuevo que abrazar...pero su escasa comunicación consigo mismo le hacía perderse cada dos por tres en un mar de dudas, emociones confusas y ánimo variable.
Ese miedo e introversión, patas de una misma mesa, le impedían quemarse como quería. Quemarse en el buen sentido. Cada día estaba más seguro de que ése era el origen de su autodestrucción...pues éste era la herramienta que tenía para mantener un equilibrio vital. Es decir, acostumbrado a evitar las emociones, a evitar el vínculo humano presa de un miedo irracional (producto de su gran complejo de inferioridad), había encontrado la manera de sentir...había encontrado la manera en la que el dolor físico, interno, y el sufrimiento se tornaran en placer. Sensación que alimentaba constantemente.
Y sin darse cuenta por donde iba, a donde iba y a qué es lo que pisaba, recorría las estrechas calles de una ciudad desde la que es imposible ver el mar.

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