
Es una tarde de verano fresca y tranquila, en la que se puede respirar, casi inalar el olor del verano. (Ss), (B) y yo paseamos tranquila y despreocupadamente por lo que parece el centro de Praga. Estamos mirando unos escaparates cuando (Ss) , que se encontraba a mis espaldas, me advierte de tener una gran mancha de color marrón rojizo en la parte trasera del pantalón. En el culo. Miro, es cierto, esta húmedo y reciente. Las cuento mi incertidumbre, pues hacía unas semanas (J) y (C) me dieron por culo. (Ss) me confirma mis sospechas, ella también había tenido esa enfermedad de trasmisión sexual y me aconseja acudir cuánto antes al ambulatorio a que me vacunen. He vuelto a mi casa, llamo por teléfono a (Ss), para preguntarla dudas, preocupaciones y pedirla más consejos. Me comenta "Yo en un principio no quise decirselo a mi madre, pero al final se lo conté, para que me acompañará, y se mostró orgullosa de que tantos hombres me hubieran dado por culo". Medito la posibilidad de que mi madre se sienta orgullosa por aquello, pero decido llamar a Blue para que me acompañe ella. Quedo con ella en el metro. Viene vestida con mucha elegancia, con un traje de gran directiva, una gabardina, un maletín negro y una pose y tono sofisticado e incluso de Jet set. Hace alarde de sus más bastas bromas, pero con un vocabulario refinado, inpropio de ella.
Llegamos al ambulatorio, hay poca gente, tres o cuatro médicos que parecen estar vendiendo cupones de lotería por el humor que tienen, me mandan a otra planta para que me pongan la vacuna, mientras me la ponen, me informan de que no se me pasará hasta 3 o 4 días. Estoy desolada, pues sigo queriendo participar en las olimpiadas, las cuáles empiezan mañana y compito por mi prueba. No me lo pienso mucho, y decido participar intentando ocultar las manchas que dejan ese extraño líquido marrón rojizo que sale de mi ano con muchísima frecuencia. Le cojo una compresa de noche gigantesca a la madre de Blue .
Estoy en el anfiteatro de las olimpiadas, esperando a que se inicie mi prueba, siempre preocupada para que dicha compresa cumpla su función. Es un lugar muy amplio, con miles de espectadores, que se encuentran ligeramente ocultos tras la penunbra que inunda la sala. La gente esta extremadamente callada, en vilo, cómo ansiosos, tensos y espectantes por la visualización de la prueba. Reina el silencio. Aunque logro diferenciar a (Js) y (M) entre el público, ilusionados cómo buenos deportistas que son, mientras intento relajarme en la zona de los participantes con todos mis contrincastes. Se la estoy chupando a uno en medio de dicha sala. He perdido la prueba y me encuentro a mí misma paseanso por un parque un tanto desilusionada, hay un estanque artificial, parecido a una piscina, en medio de dicho parque, para relajarme, me siento a la orilla y sumerjo los pies. Siempre preocupada por que la gigantesca compresa cumpla su función. Un niño se acerca por la espalda y me dice al oído "¿vé? está tratando de recuperar su medicina, a veces más rápido , a veces más lento, pero nunca se detiene" a la vez que señala a un perro blanco cabezón, de la raza white terrier vestido con tirantes, que nada pausadamente dentro del agua, a la búsqueda de dicha medicina. Tratando de ayudar, decido echar un vistazo...y derrepente veo al alcance de mi mano lo que parece una esfera de plástico ( de esas que estan dentro de una máquina y según insertas una moneda y retuerces la palanca sale de dicha máquina con un juguetito absurdo en su interior ) con unas pastillas dentro. Estiro mi brazo y me hago con la pelotita, el perro lo vé, y comienza a nadar en mi dirección. Según sale del agua se convierte en un humano adulto, pero con las proporciones de un perro (curiosamente del perro que era antes) o de un bebé. Está desnudo, y se parece al deportista aquel que anunciaba furgonetas con un muñeco a lo madel man de él mismo ( Prosikito y Prosineki). Prosikito me mira furiosamente, con odio, y me quita la pelotita de un manotazo. Me despierto.
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