martes, 7 de julio de 2009

Holden...Holden.


"Si un cuerpo encuentra a otro cuerpo cuando van entre el centeno… Muchas veces me imagino que hay un montón de niños jugando en un campo de centeno. Miles de niños,. y están solos, quiero decir que no hay nadie mayor vigilándolos. Sólo yo. Estoy al borde del precipicio y mi trabajo consiste en evitar que los niños caigan en él. En cuanto empiezo a correr sin mirar adónde van, yo salgo de donde esté y los cojo… Eso es lo que me gustaría hacer todo el tiempo. Yo sería el guardián entre el centeno"


Estaba en 3º de la ESO. Un año en el que, a final de curso, me transformé en un auténtico fantasma, absorta en mi mundo (prohíbido y cegado para todos) manifestándome cómo un espectro aletargado al final de la clase, observándo dos cosas que por entonces me fascinaban: el paso lentísimo de los segundos (Era una procesión de números infinita en la que nunca pasaba nada.) y un compañero de clase super-dotado con problemas autístas y una conducta extremamente extraña que incluían la nula comunicación verbal con él (exceptuándo contadas ocasiones, en las cuales, las palabras salían etropelladamente de su boca) además de un comportamiento un tanto acosador. Cuándo le sentaban al lado de cualquier niña-mujer de clase se empalmaba y trataba de tocarte la pierna por debajo de la mesa. También tenía piojos.
Y exceptuándo esos momentos lascivos un tanto repulsivos, el chaval a mí me fascinaba. Pero eso es lo de menos, el tema es que con esas dos únicas actividades en clase, había profesores un tanto impertinentes a los que no les gustaba mi actitud. En concreto, la profesora de Lengua, había emprendido un lucha muy personal conmigo que llegaba frecuentemente a los insultos y la humillación pública en medio de la clase, todo mezclado y acompañado de comentarios en los que afirmaba su poder sobre mí y la decepción que tenía hacía mi persona.

Su intención era picarme hasta tal punto que por mi orgullo la quisiera demostrar su gran error. Lo consiguió. Al final del curso, me cogió por banda y tras sus gafas con montura de piel de leopardo y su voz rota me dijo " quiero que te leas el guardian entre el centeno, te vas a sentir muy identificada" con una sonrisa muy maliciosa.
Lo malo es que todavía no me he encontrado a mí misma cómo hizo Holden. O todavía no quiero cruzar la línea, cómo él lo hizo.
O quizá no he buscado lo suficiente, o, cómo él, estoy todavía encerrada en una niñería patológica, haciendo de mí un ser vacío y desencantado con (casi) todo, caótico y contradictorio . Holden salió en busca de algo que ni él mismo sabía y no lo encontró, pero se enfrentó a la realidad.
No me rendiré, aunque tampoco sepa que buscar.

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