
Quizá sea la emoción del momento, o una explicación tan sencilla cómo que tengo un buen día. Pero hoy me encuentro con la vitalidad suficiente cómo para que me peguen un bofetón, y después de la frustración inicial, momentanea y altamente justificable de lanzar la muleta cuál pértiga endiablada, siga sintiendo la ilusión y el humor como para hacer bromas y me importe realmente un carajo. Me encanta tomarmelo con tanta clama, y no porque me corra horchata por las venas (que a veces también), porque tengo energía y actividad como para disfrutarlo.
Así que quizá sea la emoción del momento, o quizá esto supone el inicio de un cambio, y aunque no se porqué tengo tal buen humor, éste me instiga a encenderme, a dejar de esperar a que las respuestas vengan ellas solitas. No voy a cometer el error de forzarme a explotar esta sitiación. Prefiero ir tranquilamente apreciando el paisaje y disfrutar de él...no en la medida de lo posible, sino intentándo captar todo su esplendor.
Creo que esto es un abrazo al nihilismo. La gente tiende a creer que el nihilismo es el propósito del despropósito, el "qué más da", o no creer en nada.
No es una negación hacía la doctrina filosófica. Nunca esta demás plantearse ciertas cuestiones cómo de donde venimos, a donde vamos, quiénes somos, quiénes dejamos de ser, cuál es la verdad última, si esta existe o qué es. Pero es cierto que estas preguntas son de dificil contestación, y se puede plantear desde tantas visiones y perspectivas que siempre estarán sujetas a polémicas filosóficas e intelectuales. Por ello, el nihilismo sólo te anima a , te lo plantees o no, dejar de vivir en relación a teorías filosóficas, y comenzar a vivir en relación a tí mismo.
A lo que te ánima es a las ideas vitalistas, te ánima a "deshacerte de todas las ideas preconcebidas para dar paso a una vida con opciones abiertas de realización".
Así que no es creer en nada. Es creer en uno mismo.
Pues eso, muy rico el zumo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario